Granada: sensaciones

<<Lo que mucha gente llama amar consiste en elegir a una mujer y casarse con ella. La eligen, te lo juro, los he visto. Como si se pudiese elegir en el amor, como si no fuera un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio. Vos dirás que la eligen porque-la-aman, yo creo que es al vesre. (…)Vos no elegís la lluvia que te va a calar hasta los huesos cuando salís de un concierto. >>

                                                                                                                                     Rayuela – Julio Cortázar

Empezamos a caminarla. Quise llorar de agradecimiento. Sentí que ella y yo éramos una, que nos conocíamos de antes, que mi corazón le pertenecía. Fue amor. Ese amor del que habla Cortázar. El que uno no elige y que te atraviesa. Ella me atravesó.

Me atravesaron sus calles estrechas, el color blanco de las casas y los múltiples colores de lo demás, desde los suelos y las telas, hasta la gente más variopinta. Nosotros y los demás viajeros.

Me atravesó con sus olores. El té, las especias y el cuero. Los naranjos y los cipreses. El sol de invierno sobre la piel.

Me atravesaron sus sonidos. El de la música en muchas esquinas con los más variados instrumentos. Muchos instrumentos juntos o quizá uno solitario. Una voz de alguien que cantaba mi música (The Beatles o Lykke Li). Pasar y escuchar una canción de Chico Trujillo y teletransportarme a Valparaíso. El Sacromonte -uno de los barrios más antiguos de la ciudad- antes se llamaba Valparaíso.

Me atravesó la armonía. Parecía que desde algún lugar un director de orquesta estaba decidiendo cuándo y cómo sucedería la obra. Diría algo como esto: que ahora sople el viento del sur para transportar hasta los viajeros la fragancia del naranjo, que entre el sonido de un violín. Que aumente la música del violín y que entre el aroma a los tés. Que aparezcan rápidamente las telas de colores y diseños variados para alegrar la vista. Todo era perfecto. Hasta lo que estaba mal.

Me atravesó una y otra vez la sensación de haber caminado esas calles, de conocerlas como si las hubiera recorrido una y mil veces. Sentir que me había estado esperando, que florecía constantemente a mi alrededor porque ella era sólo para mí.

Me atravesaron millones de sensaciones a la vez, la agitación máxima de conocer el amor, la calma de saberse enamorado. Igual que el rayo que fue E., pero esta vez doble, por ser ella mi enamorada y él la causa de que finalmente nos encontrásemos cara a cara.

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