La isla rodeada de tierra

En el mapa que miramos para ubicarnos antes de salir se veía un tramo de carretera que consistía en curva y contracurva, todas pegadas. Y aunque lo sabíamos, no importó. La sorpresa no fue menos por tener el conocimiento con antelación. Subíamos y desde el coche se veía cómo continuaba la carretera, la pendiente parecía imposible. Cada vez que pasábamos una curva y veíamos lo que seguía, volvíamos a asombrarnos.

Llegamos arriba y parecía que estábamos en otro planeta. La civilización está cerca pero ahí no se siente. Es la naturaleza la que inunda todo. Incluso el camping, que podría creerse zona civilizada, se camufla. Los árboles, las flores, los animales dominan el lugar. El ser humano ocupa espacio sólo para disfrutar de aquello.

Al llegar el sol era aún potente, a pesar de ser ya las siete y media de la tarde. Sin embargo, mientras empezábamos a montar todo para pasar la noche, las nubes nos invadieron y de repente el frío y la humedad llenaron el espacio. La magia se palpaba por todos lados.

Salimos a explorar. El silencio era sobrecogedor, sonaba fuerte en los oídos. De repente cling-clong-cling, los cencerros empezaron a sentirse cada vez más cerca. Y entonces, los vimos. Un grupito de burros caminando del otro lado de la valla. El más pequeño me recordaba a un peluche que teníamos en casa antes, que había pertenecido a mi madre cuando ella era chica. Sólo que el que nos encontramos tenía la pinta de ser más suave, más acolchadito. Si es por mi, me lo llevaba a dormir a la carpa con nosotros -le dije a E.

En vez de eso, seguimos dando unas vueltas por el camping, buscando cosas que nos llamasen la atención. Encontramos flores de distintos colores.

Encontramos signos de que había más vida aparte de nosotros.

Tela de araña

Y nos metimos dentro de las nubes.

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Dentro de la carpa -fuera era imposible- cenamos la tortilla que había preparado y una ensalada que hicimos en el momento con un par de ingredientes que habíamos llevado de casa. Estaba delicioso.

Gracias a la amabilidad del personal del camping, pudimos cargar la batería de la cámara de fotos en el bar -porque después de haber sacado cuatro fotos ya empezaba a intuirse el final- y mientras, aprovechamos a tomarnos un té y conversar.

Con todo ya listo nos fuimos a descansar pronto para estar frescos al día siguiente.

Después de un rico desayuno y haber recogido todo salimos rumbo a la primera ruta que teníamos planificada. En el camino, los animales sueltos invadían la carretera sin ningún tipo de inhibición. Así sí. Menos vallas y más libertad.

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∗sendero de los dólmenes

Decidimos hacer este recorrido por la mañana porque era más largo y pensamos que luego estaríamos cansados para caminar mucho. En total tardamos unas cuatro horas para hacer todo el camino. Durante el trayecto nos encontramos muchas cosas interesantes, algunas que esperábamos y otras que no tanto.

Esperábamos encontrar dólmenes, y ahí estaban.

Esperábamos paisajes. Y aún así nos dejaron boquiabiertos.

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Mirador de Ubabe o Balcón de Pilatos

Mirador de Ubabe o Balcón de Pilatos

Se dice que durante la Guerra Civil Española, desde este acantilado de unos 900 metros de desnivel, se despeñaba a aquellas personas afines con la República que vivían en la zona. Una muestra más del horror que traen las guerras.

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Frente al Mirador de Ubabe

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Caminando por el sendero

Flores. Muchas flores.

Animales voladores.

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Buitre

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Mariposa colibrí

Y estos gusanitos alados que andaban con ganas de posar.

Vida y más vida.

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No sé si lo esperábamos o no. Pero… ¡cómo no! A los seres humanos no nos gusta ser menos, así que vamos dejando huellas por dondequiera que vayamos.

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Troncos apilados -con fuerte olor a madera 

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Casa con apariencia de abandonada pero con un repasador colgado de la ventana

Lo que no esperábamos encontrar, para nada, eran huesos. Pero había. Encontramos colgada en un árbol el cráneo de -pensamos- una oveja.

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Y muy cerca de ahí el resto del cuerpo.

P1010691Llegamos al coche de vuelta con cansancio y calor. Pero, sobre todo, con hambre. Fuimos en busca de comida para poder seguir a la tarde. Comimos en Baquedano, el pueblo desde donde comenzaríamos la siguiente ruta. Desde la ventana teníamos estas vistas.

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∗nacedero del urederra

Urederra es el nombre de un río corto que tras 19 km de recorrido, lleva sus aguas a un afluente del río Ebro. Es una caminata fácil de hacer, a excepción del último tramo que tiene algo más de pendiente. Un río de aguas claras y transparentes, a través del cual se puede ver el fondo rocoso.  Es una zona kárstica, por lo que el agua ha ido erosionando la piedra y modelando el paisaje que nos encontramos hoy en día. Forma parte del Parque Natural de Urbasa y Andía, por lo que es una zona que está protegida frente a la actividad humana y es por eso que uno no puede bañarse en el río.

Ese día hacía mucho calor en la zona más baja, y apenas nos aproximábamos al agua se notaba el descenso de la temperatura. A medida que íbamos acercándonos hacia el nacedero, la temperatura del agua disminuía, y eso se notaba en el ambiente.

Durante el camino a nosotros nos llamaron la atención…

P1010739Una flor muy hermosa.

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La luz y las sombras bajo estos árboles.

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Unos hongos que crecían en un árbol con forma de sombreros.

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Y un bichito curioso, que caminaba rápido para esconderse pero que al final se decidió a posar como las mariposas.

Pero indiscutiblemente, todo el trayecto que lleva hasta el lugar donde el río comienza su curso viene marcado por el agua.  El agua en movimiento de las cascadas:

El agua relativamente quieta en las pozas.

No es en vano que lleva el nombre de Urederra que, en euskera, significa “agua hermosa”.

Y, al final, el gran premio. El nacedero, la cascada desde donde comienza a bajar todo el agua de este río.

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He de admitir que aquí nos sacamos las botas y los calcetines, y pusimos nuestros pies a remojo por unos minutos. El agua estaba fría y nuestros pies hinchados, así que nos vino de maravilla. Después de un breve descanso emprendimos la vuelta. Esta vez sin detenernos, marcando un buen ritmo, tardamos menos de la mitad que a la ida.

Al final, todo el Parque Natural de Urbasa y especialmente el Urederra nos dejaron asombrados, maravillados, extasiados, felices, descansados, desconectados y en resumen con unas ganas de volver inmensas. ¡Ah!, y que no se me olvide. Nos dejaron transpirados.

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2 comentarios en “La isla rodeada de tierra

  1. Es la primera entrada que te leo y déjame decirte que escribes deliciosamente. Hace tiempo ya que ningún texto me atraía tanto a la vista como el tuyo. Escribes con colores, olores, sabores, y eso poca gente lo puede hacer.
    Me gusta mucho la naturaleza, tanto que me abruma pensar en lo ínfimos que somos al lado de ella.
    Te agradezco darme estos rayos de luz y flores en mi frío invierno al fin del mundo.
    ¡Saludos!

    pd. Cuando sepa cómo se ponen fotos en las entradas como tú lo haces, quizás le ponga un poco de sabor a lo mío.

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