Seducida sin querer queriendo

Debo admitir que todo fue una historia de seducción. Él me habló suave, con calma, convencido. Yo escuché paciente, aún prejuiciosa. Pero no dejé de escuchar aunque no creyera todo lo que oía. Y cuando menos lo esperaba, me sedujo. Me llevo a su lado. A su territorio. Y de ahí ya no había vuelta atrás. El escultismo me había atrapado y no había vuelta atrás.

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Hace cosa de año y medio, un amigo me dijo que él pertenecía al grupo eskaut del pueblo donde vivo y, sabiendo que yo estaba interesada en la educación, me ofreció si quería probar para ser monitora.

Debo confesar que aunque en un primer momento me ilusioné -como suelo hacer con casi cualquier proposición de hacer algo distinto y nuevo- apenas me paré a pensar un poco, me empezaron a surgir dudas al respecto. ¿Por qué? Porque tenía entendido que el eskaut era un movimiento que estaba ligado a la Iglesia. Y eso no me gustaba nada. Así que apenas volví a casa después de aquella proposición, lo primero que hice fue poner en la barra del buscador de Google (fuente de infinito conocimiento) para averiguar bien de qué se trataba el movimiento scout. Me gusta estar bien informada antes de tomar cualquier tipo de decisión.

Así que me leí el artículo completo de la Wikipedia donde hablan del movimiento eskaut y, en vez de estar más aliviada con el asunto, terminé aún peor. El escultismo surge a principios del siglo XX de manos de Lord Baden-Powell, un coronel británico que participó en campañas militares en África. Durante sus campañas militares en África conoció a Burnham, un gran explorador que se convirtió en su amigo y que le enseñó cómo desenvolverse en el bosque y las costumbres de los indígenas americanos. Su libro “Aids to scouting” (Ayudas para el escultismo) que estaba destinado al ejército, fue el que le llevó a la fama en Inglaterra al volver de África. Y fue entonces cuando el movimiento empezó a gestarse, con el fin de ofrecer a la juventud un espacio de educación útil e interesante.

Esa fue la idea que más o menos saqué después de leer el artículo. Es decir, que aparte de formar parte de la Iglesia, era un movimiento que había sido basado en actividades militares. No me gustaba nada cómo pintaba.

Pero J. me habló y yo le escuché. Me convenció cuando dijo que era una cosa sin compromiso. Que si no me gustaba, no pasaba nada. Lo dijo con el convencimiento de quien sabe que te dará a probar una comida exquisita, o una cama extremadamente cómoda; no había forma de que una vez probado pudieras salir sin sentirlo.

Empecé yendo a una reunión de domingo donde oficié de bruja, y a través de varios juegos conseguimos llevar el complejo mundo de las plantas silvestres medicinales a un grupo de niños. No sé cuánto les habrá quedado a ellos, pero a mi me revolucionó ver el tipo de educación que se estaba haciendo a unos pasos de donde yo había estado todo este tiempo y sin saberlo. No lo dudé y empecé a acudir a todas las reuniones de domingo, pero con los más pequeños. Estos locos bajitos (como los llama Serrat) me trajeron innumerables alegrías a lo largo del curso. Sus abrazos y besos desinteresados. Su amor incondicional a cambio de nada. Sus sonrisas y sus preguntas constantes sobre todo lo que les rodea. Cada domingo una nueva historia para la colección.

Aún mi compromiso no era tan grande, sólo acudía a las reuniones con los niños. Al empezar el siguiente curso decidí que me comprometería de lleno. Empezamos reuniéndonos en una casa de veraneo, para planificar todo el curso. Y entonces ya me enamoré completamente. Los demás monitores, a los que conocía pero tampoco demasiado, se descubrieron ante mis ojos y yo me quedé atónita. Era un grupo de gente joven, desde los 18 años hasta los 25 (que tenía yo en ese momento) conversando sobre sus preocupaciones en relación a los niños del grupo, a las problemáticas sociales, la actualidad, su curiosidad y conocimientos sobre la Segunda Guerra Mundial (creo que nunca había aprendido tanto de historia como aquel día, y disfrutándolo). Simplemente un grupo de gente que pensaba que jamás encontraría. Gente con unos valores inigualables, soñadores, quizá también ingenuos por desear un mundo mejor y pensar que se puede conseguir. Gente de la que hace falta en un mundo con tantas injusticias.  

Y ¿qué decir del consiliario del grupo? Me devolvió la esperanza. Hacía tiempo que había perdido la confianza en todo lo relacionado con la Iglesia, encontré tanta hipocresía y maldad en ella. Perdí la fe en Dios que tenía cuando era niña y sentí que toda la Iglesia estaba contaminada. Y él me hizo ver que no. Como en todas partes hay una porción que merece la pena y otra que no tanto. Él es de las que merece la pena. Si no fuera porque sé que es cura, diría que no lo es. Hasta conocerle a él nunca vi a alguien que viviera la fe con tanta alegría, relacionando lo espiritual con la naturaleza, e intentando conseguir generar una sociedad mejor. 

Todo esto sumado a la gran capacidad de disfrute. Nos pasamos mucho tiempo trabajando para sacar el curso adelante, pero cuando llegó la hora del disfrute salimos todos a tomar el sol a nadar en la piscina y disfrutar de aquel hermoso día y de la buena compañía. 

Todos mis prejuicios fueron poco a poco cayendo por su propio peso. Aquello de lo que tanto dudaba se convirtió en una de las cosas que más placeres me ha traído en este tiempo. Confirmándome una vez más que no hay nada mejor que explorar y conocer, matar la ignorancia como sea, para poder poco a poco dejar el lastre de los prejuicios y vivir una vida más llena de alegrías y esperanza. 

Aunque mi paso por Txispeleta Eskaut Taldea haya sido breve, ha dejado huella. Sobre todo me ha devuelto la esperanza y las ganas de seguir mejorando. Es difícil sentir que la lucha es individual, que te enfrentas tú contra el mundo. Por eso, saber que no estoy sola me devuelve las fuerzas. Ahí fuera, hay una enorme cantidad de gente haciendo día a día que, con pequeños y no tan pequeños gestos, este mundo sea un lugar más agradable donde vivir. 

El escultismo es una forma de vida. Así que robo y hago mío el “Beti prest!” (Siempre listos) y llevaré allá donde vaya el intentar dejar este mundo un poco mejor de como lo encontré.

¡Gracias por tanto Txispeleta eskaut taldea!

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