Los naipes fugitivos

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Hasta hoy nunca había visto un naipe fugitivo en ningún lado. Un naipe solo, abandonado, escapado de entre toda una baraja, en el medio de una calle, un autobús o un parque infantil. Nunca los había buscado, pero nunca se me habían aparecido así de repente en el camino.

Es cierto eso de que cuando empezamos a leer o a interesarnos por un tema, cuando hay algo que ronda nuestras mentes, se nos aparece constantemente. Esas cosas que anteriormente eran completamente invisibles a nuestros ojos, de repente empiezan a aparecer en todas las esquinas. Después de una ruptura, sólo vemos parejas felices; después de haber visitado algún lugar, nos encontramos con un montón de referencias, artículos o anuncios donde ese lugar aparece… ¿o no? A mí me pasa constantemente. Hay veces que no sé hasta dónde esas referencias estaban ahí antes de que yo me diera cuenta de que existían sólo por el mero hecho de haber vivido una situación, haber visitado un lugar, conocido una persona o leído un libro. Hay veces que simplemente no me creo que todo eso estuviera ahí antes y yo no fuera capaz de verlo con los mismos ojos. ¿O es que ya no son los mismos ojos los que miran?

Hace ya un tiempito que vengo siguiendo a través de su blog a Aniko Villalba y hace un par de días me devoré su libro “Días de viaje”. En el blog ya había leído que mencionaba el tema de los naipes y me generaba muchísima curiosidad. Me preguntaba por qué nunca se detenía a explicar el cómo y el porqué. Así que fue una enorme alegría encontrar lo que buscaba en el libro. Ahí cuenta cómo empezó a recolectar naipes por el mundo y el juego que creó de intentar juntar una baraja completa, poniéndose el límite de recoger como máximo un naipe por ciudad que visita. Si dijera que me encantó me quedaría corta.

Debe ser por esto, o quizá las extrañas casualidades del Universo conspirador que no para de mandarnos señales. La cuestión es que hoy iba caminando por Bilbao con Aiala y Garazi –mis alumnas y amigas-, después de haber disfrutado de una comida estupenda juntas, cuando de repente se me ha cruzado un naipe en el camino. Y, claro, he tenido que detenerme. Estaba boca abajo, pero no he podido resistir la tentación. Me he agachado a recogerla del suelo, mientras mis dos amigas me miraban sin entender mucho. Y al darle la vuelta… un as de oro. Una bonita carta para un comienzo.

Después de recogerla y seguir camino, retomamos la charla que habíamos dejado aparcada sobre cómo las historias interesantes ocurren a la gente que está dispuesta a ello, a la gente que no se rodea de muros para salir a la calle y que en vez de dejar la vida pasar, pasan ellos por la vida. Nos sentimos por un ratito parte de un momento único, de esos que merece la pena recordar. 

Le doy las gracias a Aniko Villalba (Blog: Viajando por ahí) por haberme introducido al mundo de los naipes fugitivos.

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