Despistes crónicos

P1010107Me levanto a la mañana busco el sol bajo mi cama…

Pero vivimos en el País Vasco y aquí le cuesta salir. Así que ni debajo de la cama ni nada. Total a esas horas tampoco le da por salir al sol.

Hoy, después de un mes, vuelve papá de su viaje. Ya tengo ganas de verlo y por eso he quedado en ir al aeropuerto a buscarlo. Tengo exactamente 35 minutos antes de que Mamina (así es como llamo a mi madre desde que soy muy pequeña y me parece antinatural llamarla de otra forma aquí) llegue a buscarme.

Me levanto de la cama. Me ducho. Elijo la ropa y me visto. Estoy preparando la mochila para llevarme las cosas y poder trabajar, tengo que corregir exámenes y hacer unos señaladores. Me llevo también un libro para leer y la cámara de fotos nueva -por si sale el sol.

Mamina llega diez minutos antes. ¡Diez minutos antes! Eso es una eternidad en las mañanas. Así que aunque estaba casi lista, salgo medio corriendo. Meto las cosas en la mochila, agarro las llaves y bajo.

Vamos tranquilamente charlando en el coche de camino al aeropuerto, que queda a unos quince minutos, cuando de repente me hago consciente de lo que tengo entre mis manos. Aunque había ido jugando con ellas durante todo el viaje en el coche, es recién en el Parking del aeropuerto cuando me doy cuenta. ¡Las llaves del coche de Erlantz!

No es que los despistes sean algo raro en mí, pero aún sigo sorprendiéndome cuando me ocurren. Le llamo por teléfono, sabiendo que tiene otras llaves del coche y esperando que no necesite estas por algún motivo en especial -que no puedo siquiera imaginar-. Sabiendo que hoy es para él un día complicado en el trabajo no quiero añadirle la sorpresa de no encontrar las llaves, pero pienso que me dirá que no pasa nada, que tiene la otra llave del coche.

-Hola, jijiji (risa nerviosa), vas a matarme -le digo yo.

-¿Por? -le escucho decirme con voz adormilada al otro lado.

-Me he llevado tus llaves del coche… pero tienes las otras ¿no? -me apresuro a añadir.

-Pero en ese llavero tengo las llaves del trabajo y tengo que abrir yo.

El vuelo de papá está retrasado, pero no demasiado, así que Mamina se tiene que quedar en el aeropuerto y yo tengo que ir corriendo a casa a darle las llaves a Erlantz para que pueda llegar a tiempo al trabajo. Por suerte me da tiempo de sobra, hacemos intercambio de llaves, vuelvo al aeropuerto y llego justo a tiempo para recoger a papá.

Los llevo hasta casa mientras papá nos va contando del vuelo y del viaje en general. Es la primera vez que los llevo en auto, y aunque me pongo muy nerviosa al conducir, hoy lo estoy un poco menos porque me distraen sus historias. Y aunque al principio me sale decir que soy una tonta, al final disfruto de llevarlos en coche.

Si algo de bueno tienen los despistes es que, como leí hace poco en algún lugar, te llevan a lugares donde no esperabas estar, te ponen en situaciones diferentes…

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