Las brujas de Zugarramurdi: de relax en el Pirineo

Aprovechando que estamos solas –ya que la otra mitad de la familia está dispersa por el mundo- mi madre y yo nos fuimos a pasar el fin de semana fuera. Estamos juntas en el mismo territorio pero a la vez cada una vivimos en nuestra propia casa. Esto es una situación muy nueva. Mi madre propuso que hiciéramos plan de madre e hija. Me pareció una idea estupenda. Ella no suele expresar mucho lo que siente, pero esta vez la noté muy emocionada. Lo cierto es que yo también lo estaba. Y las dos brujas nos fuimos de viaje.

Nos organizamos más o menos. Lo único definido es que iríamos a un balneario en un pueblito del Pirineo navarro y lo demás un poco al azar, porque no nos dio tiempo tampoco de mirar mucho más. Al final acabamos haciendo un poco la vuelta al mundo, vimos un millón de pueblos y nada demasiado bien. Lo cierto es que las dos queríamos caminar más, disfrutar más tranquilamente… Pero la primavera vasca es lo que tiene: lluvia constante. Así que se hizo lo que se pudo.

Bera

La primera parada nos llevó hasta la iglesia de San Esteban que originariamente era una casa-torre gótica. A su lado, este pequeño y antiguo cementerio, un conjunto de lápidas que se encontraron al ampliar la iglesia. P1000303 Seguimos paseando por las callecitas. Cada casa, cada esquina nos hacían detenernos aunque fuese un momento. En un momento nos encontramos unas figuras coloridas encima de un muro. Mientras yo me dedicaba a fotografiar, mi madre preguntó a un grupo de señoras que estaban conversando de qué se trataba. Le contaron que ahí vivía un artista local que hacía distintos tipos de cosas, entre ellas estas figuras con cristales de colores. De hecho, decían que una de sus esculturas se encontraba a la entrada del pueblo aunque nosotras no la llegamos a ver. Pero, añadieron, no las hace para vender, las hace para él mismo.  P1000320

Zugarramurdi

Aunque este no era nuestro principal destino al planificar el viaje, fue donde pasamos la mayor parte del paseo. El “Pueblo de las Brujas” adquirió su fama por poblado de brujas a partir de un proceso de la Santa Inquisición que ocurrió en 1610. Todo comenzó cuando una joven afirmaba que durante sus sueños había volado y visto a algunas personas participando en Akelarres. Esta historia hubiese acabado en nada, de no haber sido por la intervención del abad de Urdax, que avisó a la Inquisición. De las 53 personas encausadas murieron 17, y 21 fueron acusadas de delitos menores.

Zugarramurdi no es el único pueblo de Navarra -ni de Europa- al que afectó esta fiebre de la caza de las brujas. Lo que ocurría realmente era una mezcla entre las costumbres de la medicina popular -con hierbas silvestres, flores…-, rumores, envidias y relatos fantasiosos. Detrás de todo esto, existe también todo un mundo de leyenda y de mitología.

Ahora bien, fueran estas brujas reales o no, tanto en Zugarramurdi como en toda esta zona el ambiente genera unas sensaciones propicias a la creencia de seres imaginarios. La niebla moviéndose entre los montes. Los colores. Los olores. Los sonidos.

Después de recorrer el pueblo y una buena comida, fuimos paseando hasta la entrada a las cuevas de Zugarramurdi. Ya dentro del recorrido, nos sorprendimos porque aunque el camino estaba muy bien, la naturaleza estaba muy a su aire, como nos encanta.  
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Los caminos por los que transita el recorrido, al parecer eran utilizados para el contrabando de todo tipo de cosas. Dada su cercanía con el país vecino, y la forma de estos caminos, los contrabandistas y los agentes de la ley llegaban a acuerdos para poder contrabandear con tabaco, licores, armas, libros, incluso personas según la época…

Esta zona, que hace millones de años se encontraba cubierta por el mar, empezó a ser erosionada por los ríos cuando éste retrocedió. El “Infernuko Erreka” (Regata del infierno) continúa desgastando y disolviendo la piedra caliza. Como consecuencia, en esta zona encontramos esta la enorme cueva de Zugarramurdi y alguna otra más pequeña.

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Elgorriaga

Después de habernos perdido con el coche por unos caminos preciosos, pero interminables. Sin batería en uno de los móviles y con el otro que funcionaba a medias. Finalmente llegamos al balneario Elgorriaga, dispuestas a relajarnos plenamente. Armadas con nuestros albornoces, nuestros bikini-bañadores y las ganas de disfrute al máximo, nos metimos en la piscina principal del balneario.

Aún ignorantes de lo que nos esperaba, percibimos que la salinidad de esta agua era enorme porque eramos incapaces de movernos normalmente. Queríamos caminar por el fondo pero los pies se nos elevaban, queríamos nadar pero parecíamos dos patos mojados. Mucha risa.

Eso sí, a medida que las gotas de ese agua salina iban salpicando nuestra cara, el dolor en los ojos se iba volviendo más y más insoportable. Eso de que era el manantial con mayor mineralización del mundo cada vez empezaba a parecernos menos una bilbainada y más una realidad. Después continuamos con el recorrido al resto las instalaciones y para finalizar nos recostamos en unas tumbonas -que era lo que nos habían recomendado que hiciésemos. Fue entonces cuando la magia ocurrió. 

El relax cayó de repente. Por sorpresa. Fue apoyar el culo ahí y pensé que no me levantaba más. Increíble. Dormí a la noche como no recordaba haberlo hecho en muchísimo tiempo. Mi madre, que se despertó por el calor varias veces y me observó dormida, dice que estaba en un estado de relax tal que no se me movía ni el pecho al respirar y aún así mi cerebro andaba viajando por el mundo de los sueños de una forma increíble. P1000385

Como soy un poco escéptica (será el haberme criado entre porteños y bilbainos) no me acabé de creer todo lo que nos contaron cuando estuvimos por allá. Así que investigué un poco y en conjunto con lo que nos contaron puedo decir que aprendí lo siguiente del manantial natural de Elgorriaga:

1› No sé si será el manantial natural con mayor mineralización del mundo, pero su salinidad es para dejar a cualquiera al menos ojiplático. La salinidad media del océano es 45 g/L, esto quiere decir que por cada litro de agua hay 45 gramos de sal. Pues bien, el Mar Muerto, tan conocido por su elevada salinidad posee una concentración de 235 g/L. Cuando comprobé este dato, estuve un rato mirando la pantalla. Este manantial tiene una concentración de 312 g/L. Eso es, casi 100 gramos más de sal por litro que el Mar Muerto. ¡He tenido este tesoro a dos pasos y medio de mi casa todo este tiempo sin saberlo!

2› Fue descubierto de una forma muy curiosa. Al parecer, el ganado vacuno tiene habitualmente una dieta pobre en sales minerales y entonces de vez en cuando necesita un aporte extra para cubrir esta falta. Los ganaderos de esta zona se dieron cuenta de que los animales se acercaban a beber este agua y llevaron a analizar el agua. Se descubrió entonces, a mediados del siglo XIX, su salinidad y la enorme cantidad de propiedades beneficiosas para la salud instalándose unos baños con fines curativos -que eran principalmente para los ricos.

A la mañana siguiente, fuimos a recorrer el pueblo. Flores, flores, flores y flores. Por todos lados. Parecía como si compitiesen entre vecinos para ver quién ponía su casa más coqueta. Incluso en los espacios públicos, me sorprendió ver macetas puestas por particulares embelleciendo las calles.  Esos caserones, tan bien cuidados, con sus flores y con ese paisaje mágico rodeándolo conforman una combinación idílica.

P1000411De Elgorriaga pasamos por un montón de lugares (Doneztebe, Zubieta, Lekumberri) pero no paramos mucho, no acompañaba el tiempo y tampoco nuestra falta de organización y orientación. Pero en todos, las flores fueron algo que captó continuamente mi atención.

Tolosa

Última parada. Un poco cansadas de tanta lluvia. Y encima aquí sí que no paraba de llover. Vueltas con el coche para un lado y para el otro, no encontrábamos lo que queríamos. ¡Qué desesperación! Yo no me resignaba a pasar por la ciudad sin al menos haber dado un paseo por la ciudad. Por fin logramos aparcar y caminamos un poco. Es una ciudad que para la familia tiene significado: un primo de mi abuela, con el que tenían mucha relación, estaba casado con una mujer de esta ciudad. Descubrimos que probablemente su hija se llamó así por la virgen patrona: Izaskun. Yo no la conocí, pero escuché hablar tanto de ella cuando era pequeña, que forma parte también de mi historia.

Ya estábamos cansadas y las obligaciones llamaban. Así que decidimos dar media vuelta y volvernos. Me gustó que esta fuese la última foto que saqué en el viaje. Mamá Capitana Cisne y sus cisnecitos volviendo a casa. Un poco como nosotras. 
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Viajar es lo que me mantiene andando. Pero sin duda lo mejor de esta escapada no fueron los pueblos, ni las casas, ni los paisajes, ni las flores, ni el relax, ni la cantidad de cosas que aprendí de los tesoros naturales que tengo tan cerca. Lo más destacado, lo más memorable de este viaje fueron las conversaciones en el auto, las risas y los despistes, comportarnos como dos niñas queriendo aprovechar todo al máximo, la complicidad, ¿dije las risas y los despistes? -porque de eso hubo mucho-, la sensación de haber compartido algo que nunca vamos a olvidar. Mamá Capitana es lo más.

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