El 0,01% o la esclavitud moderna

MCDTWYE FS008“Ningún hombre de conciencia puede dar con el látigo a una persona día tras día, sin destrozarse a sí mismo.”  12 años de esclavitud (2013)

Quiero dejarlo claro, muy claro. Esto que voy a relatar sólo ocurre el 0,01% de mis días. O quizá menos. No suelo hacer estadística de mi optimismo sobre la humanidad, pero creo que no me equivoco si digo que suelo serlo mucho. Sin embargo… cuando ocurre, cuando el ser humano me defrauda suele hacerlo con ganas, con premeditación y alevosía.

El día que esto ocurrió me desperté por la mañana con un nudo en la boca del estómago. No era capaz de hacer nada. Con pilas de trabajo que hacer, montones de cosas pendientes, la casa hecha un asco, tuve que sentarme a escribir, necesitaba sacarlo de alguna forma de mi sistema. Afortunadamente, hacía mucho tiempo que no me hacían sentir así.

Todos somos distintos y ahí está la gracia. Y pretender que a todos nos importen las mismas cosas por igual, sería un error tremendo. Pero el problema subyace en que algunas personas se han olvidado el valor intrínseco de la persona como tal. Hemos vuelto a la era de la esclavitud sin que nadie nos avisara. Es una esclavitud encubierta, es una esclavitud hipócrita, es una esclavitud invisible. Tan invisible que ni el que la sufre se da cuenta. La esclavitud de unas condiciones laborales que aún sabiendo que no son las ideales, por la situación en las que te encuentras debes aceptar. La esclavitud de tener que agradecerlo. Te convencen de que en verdad no vales tanto solamente para poder negociar el poder pagar un poco menos. Porque hoy en día, tener esclavos es posible.

Hay mucha gente que se siente con el derecho de utilizar a las personas en su beneficio. Y digan lo que digan, yo eso no lo comprendo. Eso no forma parte del ser distintos como seres humanos. Somos distintos los que nos gusta más el jamón y los que prefieren comerse un helado, los que preferimos viajar en autobús y los que les encanta conducir… Esta gente que adora a Don Dinero y que me hace sentir así, me defrauda y por momentos me hace perder esa gran esperanza que siento en la Humanidad.

Me marearon. Me hicieron sentir una mentirosa. Un trapo sucio -con perdón a los pobres trapos. Me dieron vueltas para un lado y para otro por unos pocos euros. A diferencia de otros tantos, yo tengo una suerte inmensa de tener una red de apoyo muy fuerte: mi familia, mi pareja, mis amigos. Me caí de la cuerda floja y no me hice ni un rasguño en la rodilla.

Gracias a todos ellos hoy me paro sobre mis dos pies sobre tierra firme para soñar en un mundo donde los seres humanos se aprecien unos a otros y vean el valor que tienen. Donde entiendan las historias detrás de cada uno, donde quieran escucharse. Yo sé que soy una soñadora, y sé que muchos me dirán que es porque soy joven. Pero yo sé que no. Yo sé que es porque soy así. Lucharé toda mi vida para nunca jamás dejar de soñar con un mundo de soñadores, que deseen un mundo donde la gente no sea tratada injustamente.

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