De la enorme atracción de las pequeñas cosas

1003135_10151576019948303_192550451_nAunque las leyes de la física indiquen lo contrario (yo lo sé porque la física siempre me gustó mucho), las cosas pequeñas tiene ése… qué-sé-yo-¿viste?

Los bebés (seres humanos y seres vivos de otras especies) podrían incluirse en esta categoría de las pequeñas cosas… pero su condición de estar vivos les da una ventaja por sobre el resto de las cosas. Les da la ventaja de la potencialidad, del movimiento propio… saben a lo que me refiero.

Yo digo las pequeñas cosas… las pequeñas cosas de verdad, tienen algo mágico que produce una extraña atracción fatal. Ese diccionario chiquitín que aún guardo en algún lugar, donde las palabras casi no se leen y las páginas son tan diminutas que para sostenerlas hay que tener cierta práctica. Los mini-imperdibles. Las muestras de perfume (me gustan también porque son gratis, lo admito…).

Para los que alguna vez escribieron con pluma y le cambiaban la tinta… las bolitas esas transparentes que tenían los repuestos de tinta ¿las recuerdan? Yo las encontraba fascinantes. Aún guardo muchas de ellas en un tarro (también extremadamente pequeño) donde me gusta hacerlas sonar a veces. Me gustaban los juguetes pequeños como las Polly Pocket, que deben haber sido de los pocos juguetes de marca conocidos que tuve. Pero recuerdo esas muñequitas chiquititas, preciosas.

Sé que quienes me conozcan -y quizá alguno que no- pensarán que también me gustaban mucho los grandes. Dumbo, uno de mis peluches favoritos, con el que jugué mucho es extremadamente grande. Lo llamé así en honor al de Disney (aunque no sea una representación del mismo). Pero tengo que confesar que parte de mi gran fascinación con este gran peluche residía en una pequeña parte de él, una especie de botón con un dibujo que no recuerdo exactamente qué representaba pero que tenía un color rosado y blanco y que estaba en su oreja. La mayor parte de mis juegos con este elefante giraban en torno a este botón. Yo estaba convencida de que era un botón mágico, que me llevaría a otros mundos diferentes… De que era mágico no había duda. Un botón así de pequeño no podía ser otra cosa.

Y en un mundo que cada día está más lleno de todo tipo de cosas, incluso de palabras yo me quedo con las pequeñas: calma, crea, ríe, come, duerme, ama…

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